miércoles, 24 de junio de 2009

El Reino Unido responde a Irán con presiones diplomáticas

No hay vuelta atrás. Ni las protestas en las calles, ni las más de seiscientas reclamaciones presentadas por la oposición van a impedir que Mahmud Ahmadineyad sea investido presidente. El Parlamento adelantó ayer que celebrará la ceremonia entre el 26 de julio y el 19 de agosto.

Una decisión adoptada cuando la guerra diplomática con Occidente ya es total: tras la expulsión de los dos diplomáticos británicos de Teherán el lunes, ayer el Reino Unido respondió con dos expulsiones iraníes de Londres; Javier Solana, alto representante de la UE para Política Exterior, condenó la violencia; países escandinavos como Dinarmaca, Finlandia o Suecia llamaron a consultas a los embajadores iraníes (Alemania u Holanda ya lo hicieron el lunes); e Irán acusando de injerencia a la ONU.

Lo que sí concedió ayer a los manifestantes el Líder Supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, fue una ampliación de cinco días del plazo para que los candidatos presidenciales derrotados puedan presentar quejas relativas al fraude electoral ya reconocido por el mismo régimen -tres millones de votos fraudulentos y pucherazo en 50 ciudades-. Sin embargo, nada va a cambiar los resultados oficiales ofrecidos por el ministerio de Interior: el Consejo de los Guardianes iraní rechaza anular las elecciones.

Pero la calle de Teherán va por otro camino. Aunque la contundente respuestas de policías y paramilitares ha reducido el número de personas que toman parte en las protestas, estas parece que no van a terminar, según difunden los medios cercanos a los líderes reformistas.

Silvio Berlusconi asegura que nunca ha pagado por ninguna mujer

El primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, asegura que nunca ha pagado por ninguna mujer, en medio de la polémica generada por las fiestas con jóvenes en sus propiedades de Cerdeña y Roma, que la Fiscalía de Bari investiga por un supuesto delito de inducción a la prostitución.

"Nunca he pagado por una mujer. Nunca he entendido qué satisfacción puede existir si no existe el placer de la conquista", afirma el político en una entrevista al semanario italiano "Chi" que saldrá publicada mañana y de la que hoy los medios de comunicación del país adelantan algunos extractos.

En la primera entrevista de temática personal que concede tras estallar el escándalo por las fiestas en sus propiedades, Berlusconi aborda toda la polémica surgida tras las declaraciones de la joven Patrizia D'Addario, quien asegura que cobró 1.000 euros por asistir a una de sus celebraciones y que ha presentado a la Justicia italiana grabaciones sobre los eventos.
El primer ministro explica que, si hubiera sospechado que en su entorno se encontraban prostitutas de lujo, se habría quedado a mil millas de distancia.

"Ninguno de mis invitados ha sido nunca sometido a ningún registro personal. Si después alguno abusa de mi cortesía y de mi buena fe y viola mi privacidad, éste es un comportamiento que le descalifica a él, no a mí", incide.

"Detrás de la investigación de Bari está alguien que ha dado una orden muy precisa y muy bien retribuida a esta señora D'Addario", añade el político, quien insiste en su teoría del "proyecto subversivo" para derrocarlo.

Según el mandatario, no existe nada por lo que tenga que pedir disculpas, algo que no pueden decir muchos directores de periódicos, que, afirma, "deben avergonzarse y excusarse" con él.

En la entrevista, Berlusconi se refiere al empresario Giampaolo Tarantini, a quien la Fiscalía de Bari investiga por supuesta inducción a la prostitución a raíz de unas escuchas telefónicas interceptadas en base a otra investigación, en las que hablaba sobre las fiestas del jefe del Ejecutivo de Italia.

"Lo conocí el pasado verano en Cerdeña y me fue presentado como un empresario serio y estimado. Ahora que está en el centro de una investigación, pienso que para él, como para cualquier ciudadano implicado en una acción judicial, debe valer la presunción de inocencia", apunta el primer ministro.

Sobre las repercusiones personales que este escándalo ha tenido en su familia, Berlusconi asegura que "el dolor por el fango" que han intentado echarle encima a él y a su entorno les ha unido aún más.
Por primera vez, el político aborda en una entrevista la petición de divorcio que su segunda esposa, Verónica Lario, decidió emprender tras conocerse que el mandatario había acudido al 18 cumpleaños de la joven Noemí Letizia, cuya relación con él aún no queda clara.

La separación de Verónica Lario "ha supuesto una herida muy dolorosa. No sé si el tiempo la podrá cicatrizar", comenta el político y empresario, quien asegura que está "triste, pero sereno" en un momento en el que ve cómo fracasa su segundo matrimonio.

"Lo que es cierto -apunta- es que la nuestra ha sido una gran historia de amor. Y las verdaderas historias de amor no se borran nunca".

martes, 16 de junio de 2009

PAISAJES DE OTROS TIEMPOS.

Hay un lugar mágico enclavado en un valle amarillo y rodeado de la muralla árabe que aún queda en pie, al que íbamos de pequeños cada verano. Ya os he hablado de él. Se llama Brihuega.
De él quiero volver a hablaros hoy, ya que, después de al menos veinte años, hemos vuelto toda la familia junta, un fin de semana.

Tan sólo traspasar los límites del castillo de Torija y tomar la carreterita que lleva al pueblo, la memoria va haciendo un recorrido por todos aquellos kilómetros. Los que nos parecían a algunos, casi malditos, pues tras el viajecito, en el que mi hermano solía acabar por echar la última papilla y los demás no le dejábamos sólo en aquel trance, parecía que no iba a llegar nunca nuestro destino.
Mi padre nos contaba las gestas de siempre. Que en la llanura amarillenta que no alcanzabamos a abarcar, se celebraron al menos dos gloriosas batallas, cuyos muertos reposan aún en la tierra, que una vez, incluso, fue propiedad de su familia.
Buscaba siempre el palacio de la Matilla, del bisabuelo Luis, que nunca, ni en éste último viaje, pudimos ni adivinar, puesto que son los centros comerciales y las grandes superficies de muebles o bricolaje los que ahora se levantan en el camposanto de nuestros recuerdos de antaño.

Pasados los trece kilómetros de llano, entrabamos en el valle escarpado. Allí nos esperaban las Heras, a la entrada. Luego, los soportales que conducen a la plaza del Coso, donde seguramente, las tías, estarían en el balcón, que da al Ayuntamiento. Unos metros más y nuestra calle, la casa del tío Gonzalo, la aldaba de la abuela Flora, el portero automático de tiempos pretéritos.

Una voz cantarina que pregunta, "¿quién es?".
-"Gente de paz", contesta mi padre, mientras se oye una risa al otro lado.
Las escaleras de madera y azulejos, el pasillo interminable hacia la galería, y por fin, la huerta de la abuela. En ella las parras llenas de uvas muy verdes todavía, pero que nos sirven para jugar a las casitas, la piscina, para que la hinche papá (que la abuela no tiene fuelle ya), las sillas y la sombrilla descolorida, el Rincón, el columpio donde cabemos hasta dos,los triciclos metidos todavía en la cueva, al lado del pilón.
La tía Carmen asomada a la verja, subida en una silla que desde su jardín, da al nuestro.
-A ver, caraduras, ¿ya habéis venido a molestar a la Flora?.

Mis hermanos ni se paran a saludarla, ya andan con el coche de los tíos, oxidado pero que tirando de una cuerda aún funciona, dando vueltas alrededor de los parterres de la huerta.
Mi madre ha desempaquetado los trastos de todos en "el cuarto de los palios", que compartirán mis padres con mis hermanos. A mi hermana y a mí, que ya somos mayores y unas señoritas casi, nos han adjudicado "el cuarto de las rayas", donde nuestras camitas, cubiertas con sus colchas azules y bancas a franjas, nos esperan hechas ya.
Pero, es hora de cenar y hay que lavarse las manos. La abuela amenaza con el estropajo en ristre, si no nos las lavamos nosotros y pasamos su aprobación. Antes de sentarse a la mesa, nos repeina con su peine de puas, que hace daño. Hasta nos da un poco de colonia.
-"Bendecid señor los alimentos que por fín vamos a recibir", recita mi padre, imitando la cara de resignación de mi abuelo, que cuando vivía, solía poner, viendo finalmente las fuentes repletas en la mesa.

Cenamos alrededor de una mesa de madera vieja, con las patas labradas y en sillas con rejilla y adornos florales. La sopa calentita, a esas horas, frescas, aunque estemos en Agosto, aún me recuerda lo poco que me gustaban los fideos, aunque mi abuela era una excelente cocinera.
Unas rodajas de merluza rebozada, flan de postre y a la cama. Los mayores tienen que hablar, nos decían para empujarnos a acostarnos, a ponernos los pijamas, cepillarnos los dientes y dejar de dar la lata.

El cuarto de las rayas estaba al lado del comedor, donde los mayores hablaban de todas aquellas cosas secretas que los niños no podíamos oír. Mi hermana y yo nos moríamos por decubrirlas. Por eso, calladitas y pegando el oído, tratabamos de descifrarlas a través de un muro tan grueso, que ni un murmullo dejaba pasar.

Mis hermanos, si superaban la barrera imposible que suponía cruzar el pasillo entero de baldosas rojas, descalzos y deprisa y corriendo, se colaban alguna noche, en el colmo de la valentía, en nuestro cuarto, para compartir unos minutos más de noche, todos juntos.
Nos metíamos en las camas, de dos en dos, a contar historias de miedo que seguramente, en la Cámara de los Leones, en ese preciso instante, estarían viviendo los mostruos y los malos que habitaban sus paredes.
Algunas veces los fantasmas del pasado, otras el protagonista de alguna película de miedo que habíamos visto en casa de los abuelos y la mayoría de las veces el mismo miedo que avivaba nuestra imaginación a dar forma a mil y un peligros que en esa casa vetusta, rota en sus paredes y sus pasillos fríos y oscuros, acecharían por todas partes.
Nos apretábamos y hasta nos reíamos a carcajadas a veces, que ni los muros conseguían acallar, y venía mi padre a llevarse a los diablillos de las orejas.

Era hora de dormirse, de soñar que mañana, el pan calentito, las tazas de cola cao y la miel mezclada con mantequilla, nos esperaban en la galería en nuestros sitios de la mesa.
Luego, un día entero para jugar en el jardín. Para inventar historias en el Rincón, para bañarnos en la piscina amarilla. Comer, echarse la siesta, interminable y siempre bajo estricta vigilancia de una abuela implacable, que por fregar la cocina, se atrincheraba a la puerta y no nos dejaba ni salir ni dar una voz más alta que otra. Levantarse a dar una vuelta por la tarde a casa de las hermanas de mi abuela o acudir a casa del tío Gonzalo a hacer la visita.

En esa misma casa oscura, donde entrábamos agarraditas de la mano de la abuela, mi hermana y yo, para no tocar nada, a aquel salón donde la mesa grande rodeada de sillones, con las alacenas llenas de cacharros, bandejas y jarritas, no dejaban de sorprendernos, por mucho que las veíamos. En esa misma casa donde visitábamos a los tíos abuelos, Gonzalo y Carmen, sentados bajo los cuadros gigantescos del Tío Angel, en un sillón desvencijado de terciopelo.
En esa casa misteriosa, donde los escalones había que escalarlos más que subirlos, y donde nunca subimos al piso de arriba, pues estaba lleno de misterios, llegamos este fin de semana, después de tanto tiempo.

Eramos nosotros, los mismos personajes de entonces, los mismos niños y padres que veníamos a pasar unos días de nuevo en Brihuega.
El escenario era el mismo, sólo que ahora convertida en casa rural:" La casa de Don Gonzalo". Los personajes también, aunque algo cambiados. Los padres eran ahora los abuelos y los niños los padres, los mayores aquellos que tenían sus secretos, que sus hijos ahora no pueden compartir.

Ellos acompañados por otros, claro. Nuevos personajes que no habían visto nunca a la abuela Flora con su bata y sus trapos en los pies para ir limpiando las baldosas del suelo mientras pasa el plumero. Que no acudieron a casa de las tías a ver los toros del encierro corriendo por el Coso. Que no se emocionaron cantando a la Virgen de la Peña, cuando salía en procesión el 15 de Agosto, y empezaban las fiestas, los cabezudos y los Gigantes, las ferias en las Heras.
Mi marido, mi hijo, mis cuñados y mi sobrina habían aparecido como por encanto en aquél escenario que fue nuestro un día, y ahora parecía un pedazo irreal de recuerdo. Un sueño compartido por todos, que por ser recordado con emoción por más de uno, se convertía en parte de nuestra historia: de nuestra historia real no olvidada.

Recorriendo las habitaciones, recuperando con nuestro entusiasmo cada uno de los detalles, lo que aún queda de entonces, volvimos a ser nosotros mismos, los que fuimos y creímos perdidos, y sin embargo siguen estando en nuestro interior y todos reconocen cuando nos ven pasar.

Y seguramente, las casas, aquellas casas solariegas, que un día fueron una sola, solapan los recuerdos al volver a vernos, recorriendo sus miembros entumecidos.
Confunden a aquellos antiguos habitantes, Fernando y Flora de entonces, con mi padre y mi tía Carmela. De pie en la galería, juntos sonriendo para una foto, tuvimos algunos que abrir y cerrar los ojos atónitos, creyendo que volvíamos a ver revivir a aquellos que conocimos y ya no están.
No digo nada a mi hijo y mi sobrina, corriendo por la Huerta, como mi hermano Luis y mi hermana se tratara, y no hubiera pasado el tiempo. Siameses en la memoria, costaba imaginar si habíamos dado un salto en el tiempo y volvíamos a verlos correr.
Mi hermano Fernando, con sus gafas y su cámara en ristre, bien hubiera podido ser mi padre hace ya unos años, cuando todavía era moreno y nos hacía fotos con su cámara Reflex.

¡Que cruel es a veces el tiempo, y qué generoso a la vez!, descubro estos días al volver a dormir en esos jergones antiguos, a escuchar las campanadas de Santa María dando los cuartos, a media noche, o escuchando el silencio de los pueblos, que no lo es nunca, pues crujen los muebles o las escaleras. Son los recuerdos de aquellos que no pudieron irse de la memoria de esas casas que se deslizan por sus pasillos, que se sientan en sus sillas y toman el té a media noche. Se resisten a dejarlos marchar y quedarse huérfanas.

Aquellos personajes que llegaron a querer, que impregnaron sus paredes de imágenes, de cuadros o de firmas. Aquellos que soñaron con ser mayores en sus camitas, o columpiándose en el jardín, escuchando de fondo las conversaciones de aquellos.
Aquellos que se quedaban hablando en la galería, de lo que sería de ellos en el futuro, están aquí, compartiendo un espacio robado al tiempo.
Todos y algunos más, seguimos aquí, mayores ya, cargados de estos y otros recuerdos. Felices al volver a un lugar que nos reconoce, nos dá la bienvenida y sobre todo, nos recuerda lo que fuimos y seguiremos siendo...

jueves, 21 de mayo de 2009

"A MI MANERA"

Creo recordar que, dice un dicho popular que veinte años no es nada, o quizá una vieja canción, que ahora recuerdo, y estoy tarareando en voz alta, mientras se hacen las judías en el fuego y he empezado una nueva entrada de mi blog.

Pues, si veinte años no es nada, (que a mi a mis cuarenta ya me lo parece) también pudiera decirse, después de una vida, que setenta tampoco lo son. Al menos eso debió parecerle el otro día a mi padre, mientras celebraba su setenta onomástica, frente a sus hermanos, primos, hijos y nietos, en su casa, por la cara que estaba poniendo todo el rato.

Rodeado de sus coetáneos (de edades comprendidas entre los sesenta y tantos a los setenta y tantos, que allí no nos salvábamos más que sus hijos y nietos, que no llegamos a tanto) mi padre miraba a su alrededor con una copa en la mano para brindar por todos los presentes, pensando seguramente, que la vida es corta y que en un suspiro se va pasando.

Es cierto, la vida es un suspiro. Y es paradójico, porque la mayoría de los días, miras el reloj con extrañeza, pensado en que seguro que se está estropeando, pues parece imposible que lleguen las diez de la noche y se pueda ir uno a dormir tranquilo, sabiendo lo que aún queda en el trabajo o los problemas que van surgiendo del día a día. Pero, qué verdad es, cuando llegan momentos señalados, cada año apagando la velas, o en Nochevieja, despidiendo al viejo año que muere, y con esperanzas para el siguiente, que uno se pregunta si ha sido realidad o sueño, ese tiempo vivido, que parece que fue ayer, y sin embargo, nos dicen que ya ha pasado mucho tiempo.

Surge entones la pregunta, la eterna cuestión vital del sentido de la vida, de la fugacidad de las cosas, de lo efímero de la existencia.

Recuerdas a la abuela Flora que te decía que la vida es lucha, es esfuerzo. Es también, ir ver pasar las hojas del calendario, esperando que lleguen las vacaciones, los días especiales donde se celebra siempre algo importante. Un cumpleaños, un aniversario de boda, un encuentro después de muchos años, un bautizo, incluso la muerte de un ser querido, que no queriendo ser macabra, de alguna manera también se celebra en un funeral, donde vuelves a reunirte con todos, y vuelves a ver las caras familiares de siempre.

Simples excusas para vestirte "un poco mona", como me dice mi madre, y reunirte con tus seres queridos. Con tus hermanos, a los que cada vez ves menos, a ese tío que vive lejos y que no ves más que en las celebraciones. A alguien que viene y te dice que no te reconoce, que estás más joven que nunca, a la niña de tu hermana, que ha crecido mucho desde que no la ves o la novia de tu hermano, que es su primera presentación y la pobre debe de estar de los nervios.


Todos esos personajes y algunos más estaban en el cumpleaños de mi padre en El Escorial.

Todos alrededor de la mesa, hablando con el que le había tocado al lado, esperando a que se calentara la plancha para freír sus filetes y servirse uno mismo, que para eso mi madre se empeñó en hacer la comida ella sola, escuchando los consejos de quien le recomendó, que no se complicara demasiado, que casi treinta personas, no es una tontería para alguien de su edad.

Con sus tenedores en la mano y cara de no saber muy bien cómo meter mano a la famosa Raclette, nos las vimos y nos las deseamos algunos tratando de explicarles a otros, (familiares de toda la vida) que en fin, era una nueva moda eso de cocinar encima de la mesa y servirse cada uno a su gusto lo que quisiera, mientras el queso empezaba a fundirse y los filetes a chamuscarse.

Los niños correteaban contentos por el jardín y había quien incluso inmortalizó el momento en un video, que seguramente , cuando proyectemos, convencerá a más de uno de lo mismo que estábamos pensando todos, todo el tiempo.

Es cierto que el tiempo hace sus estragos.

Quien más y quien menos te cuenta sus batallitas, cuando se sientan a tu lado. Te hablan de otros tiempos, de la última vez que te recuerdan, con coletas y con el uniforme de cuadros, un día en la casa antigua, cuando vinieron a cenar.

-”Pero, tío, eso debió ser cuando yo tenía unos doce años, ¿no?, que ahora ya tengo cuarenta. Bueno, cuarenta y uno, para no mentir”.

Tu tío se echa las manos a la cabeza y te mira bien.

-”¡Cuarenta y un años, no puede ser!”, dice en voz alta. No sabes muy bien si porque no aparentas en absoluto esa edad o porque no puede creerse que fue ayer cuando vino a tu casa y te vio con coletas y uniforme saludando muy atenta antes de irte a cenar y a la cama, para no molestar a los mayores.

Luego, se queda mirando al vacío, a su alrededor. A sus hermanos, a mi padre, a sus primos y al hijo de mi hermano, que tiene sólo ocho meses, y que juega en el suelo, encima de una mantita, con un cochecito que le ha dado mi hijo de tres años.

La vida es un pedazo de sueño que recuerdas y valoras siempre cuando ya ha pasado, cuando empiezas a darte cuenta, de que quizá no quede ya mucho tiempo, ni para ti, ni para los que te rodean. Aprender muchas cosas que seguramente, acabarás olvidando, vivir situaciones que te superarán, pero que te verás obligado a enfrentar, a estar a la altura.

Sonreír, y disfrutar y muchas veces, también llorar. Sufrir en silencio y aguantar, enfermar y recuperarte. Enseñar a tus hijos, sin estar del todo seguro de lo que dices, de si es verdad, o sólo algo que has aprendido de oídas, o no del todo. La vida es equivocarse, es seguir adelante, es trabajar para vivir. Perdonar los errores de otros, al darte cuenta de los tuyos. Hacer concesiones. Darte cuenta de lo que podría haber sido y no ha sido, porque no estabas a la altura o simplemente porque entonces no te diste ni cuenta.

Vivir a tu manera, como escuchamos que decía Fran Sinatra en esa canción que tan bien elegida y tan acertada me pareció, mientras veíamos el video que entre los cuatro hijos, le habíamos preparado con alfileres a mi padre para celebrar su onomástica.


Delante de la pantalla, cuando todos se hubieron ido, prontito, (que el que no tenía dolor de ciática, tenía que irse a cuidar de los nietos o a ver el partido, que oye, también hubo quien no dio otra excusa para marcharse, que mayorcitos para protocolos, ya somos) nos dispusimos todos, hijos y padres, nietos y parejas, a sentarnos alrededor de la pantalla.

La proyección estaba a punto de producirse y mi padre aún despedía a sus hermanos fuera, sin siquiera sospecharlo. Sin embargo, el video sorpresa de su vida, le esperaba ya puesto en el ordenador de mi hermano.

Acostumbrado como está a hacerlos él, seguro que no llegaría a ser ni medianamente aceptable, pero el detalle era lo importante.El detalle y haberse pasado muchas horas para editarlo, planearlo bien y darle forma. Si no que se lo digan a mi hermano pequeño y a su novia, que sin dormir venían los pobres, con ojeras hasta el suelo y con el pulso tembloroso.

Arrancado ya de la tentación de seguir hablando con ellos en la puerta del coche, conseguimos que mi padre se sentara, nos dijera como funcionaba el cañón del salón para proyectar el video y se tomara un respiro entre tanta emoción de ser precisamente él el que soplara las velas, el protagonista de su propia vida, y el pagaganini, de la fiesta, como recuerdo que dijo una vez su padre, en una celebración parecida.

Sin discurso capaz de poder resumir sus sentimientos, pero aún con esa emoción que se trasluce en los ojos de quien no encuentra ya las palabras, escuchó atentamente a sus cuatro hijos presentando sus propias vidas, como introducción a lo que luego sería dar un veredicto de su persona. De lo que había supuesto para cada uno tenerlo como padre, haber compartido con él muchos momentos o quizá descubrir otros muchos, que por estar siempre fuera de casa, o trabajando, se había perdido de sus hijos, como seguramente, nos pasará a nosotros mismos con los nuestros.

Luego, un resumen en un álbum de fotos.

Instantáneas robadas de las estanterías de mi madre, de cientos de álbumes viejos que no recordábamos siquiera. Fotos de su comunión, con sus hermanos y sus padres, de pequeño(porque aunque parezca mentira, el abuelo, también fue pequeño, como le explicaba a mi hijo cuando preguntaba quién era el niño morenito vestido de marinero). Un largo noviazgo, la boda con mi madre y los nacimientos de cada uno de nosotros. Unos niños que crecían en unas fotos familiares, que casi todos los años acababa por conseguir hacernos a todos juntos. Aunque era bien cierto, que cada año era un poco más difícil juntarnos a todos, siquiera en verano o para navidad.

Viajes, encuentros con amigos, con familia y mucho trabajo. Una vida, como diría el bueno de Frankie, vivida a su manera. Como lo hacemos todos, como podemos.

Vida que puede tratar de reducirse en diez minutos, quizá menos, pero que es imposible poder resumir en unas lineas, en muchos sentimientos que salen solos y fluyen por las venas de su hija, que con un nudo en la garganta, se tragó muchas lágrimas, la tarde del sábado pasado, sentada al lado de mi progenitor con mi hijo en brazos.

Quizá recordando que he tenido la suerte, o la desgracia, según se mire, de ver a mi padre no sólo como a un padre, sino también como un ser humano.

Un ser humano, independiente, con sus anhelos, con sus sentimientos al margen de una familia a la que cuidar. Con su historia personal, sus viajes y aventuras. Con sus limitaciones, sus errores, sus fracasos y sus penas, pero también con sus éxitos, con las cosas que hizo bien y supo transmitirnos, y con las que no acabamos nosotros de comprender. Con sus sentimientos a flor de piel y sus miedos, que no supo ocultar y que todos compartimos.

Un ser humano con sus decepciones, entre las que me incluyo yo misma, que no acabé nunca de superar las expectativas que sobre mí depositó, muy altas, quizá, pero justificadas, al fin y al cabo, era yo su hija mayor.

Con sus buenos y malos momentos, con su enseñanza de la vida, arrastrando de su cuello como si de una piedra se tratara y como tenemos todos, los que de una manera u otra, tenemos un bagaje, una maleta llena de experiencias que transportar en cada uno de nuestros viajes.

Un ser humano al que admirar, envidiar o compadecer, según la ocasión.

Y un padre también.

Un padre de esos de toda la vida, a la antigua usanza, que nunca supo cambiar pañales como hace ahora mi marido o mi cuñado, ni llevarnos al médico pues para eso estaban las mujeres, su mujer. Un padre que nos enseñó a montar en bicicleta y se inventó el “un, dos tres, cuatro, cinco,” para que aprendiéramos a darle besos, para demostrarle nuestro cariño. Que se tiraba al suelo a cuatro patas para que nos subiéramos encima, y fuera por un rato, nuestro “burrito cosquillero”.

Un padre que no estaba nunca, porque tenía que trabajar, y al que recordamos, especialmente por sus broncas.

Porque es verdad que nos regañaba mucho y nos castigaba en el sillón del salón con los brazos cruzados. Y también que, le esperábamos temerosos, que viniera de trabajar.

Pero, todos, los cuatro, esperábamos siempre estar un rato con él, contarle nuestros secretos, o que nos hiciera un poco de caso. Que estuviera contento y nos llevara en coche a la Casa de Campo o al Retiro con el abuelo Miguel. Queríamos contarle nuestros descubrimientos y que nos comprara unos patines. Nos encantaba escuchar sus historias antiguas, como aquella en la que se subía por los cuarterones de la puerta de su casa de Toledo para darle a la aldaba para que su padre le abriera y lo perdonara, cuando lo echaba de casa por ser malo.

Un padre que en ocasiones, se entretenía en contarnos historias sobre las estrellas, calzarse unos patines de hielo, y caerse detrás de nosotros en la pista, si íbamos demasiado deprisa para él.

Un padre más que extrañado por nuestras andanzas de niños, por nuestras ocurrencias y diabluras, con una bronca preparada si llegaba la ocasión. Otras sin embargo, se quedaba sin palabras, superado se hallaba por situaciones que nunca imaginó que viviría con sus hijos adolescentes, que cada día entendía y conocía menos, como todos los padres de su generación.

El padre que ahora, con el pelo blanco y los ojos rodeados de arrugas, aún seguía siendo el Pater Familiae, sentado su sitio del sillón del salón, mirando atento la pantalla a través de sus gafas. Sin saber nosotros muy bien si estaba contento, pues no es de sonrisa fácil, o si lo ha pasado bien en un día tan importante como hoy.

Mientras tanto, a su lado, mi madre era quien se aguantaba las lágrimas, y nosotros cruzábamos los dedos para que no supiera ver los muchos errores cometidos, como siempre hemos sentido los cuatro, creo yo, ante nuestro progenitor pelín exigente, por no decir que ha sido algo duro con nosotros.

Con setenta años, con lo más importante de la vida, ya vivido, a su manera. Con muchos objetivos conseguidos y con pocos sueños no cumplidos, aún hay espacio para unas cuantas imágenes que acercan un pasado, un te quiero papá a veces no pronunciado (porque los seres humanos bien tontos somos con las cosas más importantes) y un abrazo de su nieto, un poco interesado, pues en el fondo está esperando que al menos el abuelo le compre ese coche que quería de la juguetería, que no ha sacado a sus padres.

Una comida robada al tiempo, un encuentro alrededor de una mesa, un gracias que no te sale de la garganta, y sobre todo, papá, todas esas palabras que no encuentro y no están aquí y eso que he intentado juntarlas, para que salga algo decente en este pequeño homenaje que quisiera hacerte hoy.

Por último, recordarte que, has vivido ya toda una vida, pero queda mucho todavía, incluso es posible que quede lo mejor. Los humanos nos empeñamos siempre en creer, que es así.

De momento, muchas felicidades. Que cumplas muchos más, que todavía queda mucho por vivir, y se nos hará cuesta arriba el día a día, aunque, luego, nos parecerá a todos, un suspiro de tiempo...

Tu hija mayor.

miércoles, 20 de mayo de 2009

PANDEMÓNIUM

-”Sube rápido, venga que cierran”- casi me gritó Antonio para que entrara en el vagón, pues ya estaba sonando el pitido de que el tren se iba.
Con las bolsas, el niño de la mano, el bolso que siempre se te resbala del hombro en el momento más insospechado, y sobre todo, inoportuno, y encima con unos chicos que subían unos maletones enormes y no sabían ni dónde ponerlos, entramos en el último segundo al vagón del tren.
Íbamos camino de El Escorial, y como era sábado, y a las doce de la mañana, pues el tren iba atestado de gente. No quedaba apenas más que un par de sitios, separados, en donde yo, sin mirar mucho más, me senté sin preguntar y cogí al niño en brazos.
No sin clavarle la bolsa a la señora que leía una biblia a mi derecha, ni darle una patada el niño al señor mayor que estaba enfrente, prácticamente a dos milímetros de mi rodilla, que se quejó un poco, y al que claro, tuve que pedir perdón.
Antonio se tuvo que sentar más allá, entre un ciclista y una señora con pañuelo en la cabeza, que si bien no estaba rezando una jalucatoria, al menos lo parecía. Aunque bien pensado, igual estaba jurando también en arameo, porque cara de mala leche, tenía y mucho.
-”¡No te preocupes, si se baja alguien nos ponemos juntos en otro sitio!”, me tranquilizó al ver que casi no podía ni girar la cabeza para moverme o mirarle.
No tenía pinta la cosa, así que me conformé con estar codo con codo con la señora de la Biblia, que enseguida se quedó mirando a mi hijo, y tratando de esquivar rodillazos con el pobre señor que también miraba al rubito de mis rodillas, pero, claro, por otra razón.
El viaje, de casi una hora desde Chamartin, prometía sí señor, máxime al ver que no había sitio libre y que seguramente, en las estaciones siguientes, la cosa se pondría aún peor.
Pero bueno, son gajes del oficio, que no se puede ir un sábado a esas horas a ver la morada de Felipe II, sin codearte con guiris con sus guías en inglés, o con ciclistas o viajeros, que como los de las maletas gigantescas, no paraban de moverse, de intentar acomodarlas en un sitio donde las puertas no se abrieran, sin molestar en lo posible al grupo de chicas que trataban de agarrarse a donde podían para no caerse.
Cuando llevábamos al menos la mitad del trayecto, y reparando en que alguien se había movido y había dos asientos de esos pequeños y abatibles. Ante la perspectiva de comprobar que la rodilla de mi opuesto, estaría ya rayando el color morado oscuro, cogí a mi hijo y lo senté a mi lado, en los pequeños asientos, frente a los viajeros, que también habían encontrado un hueco para recostarse sobre las maletas.
Frente a ellos, y casi tragándome su aliento, de pronto escuché una frase maldita.
-”Pues chico, pensé que en DF íbamos a encontrar más jaleo, a mi no me ha parecido que la cosa sea para tanto...”
Quedó grabado en mi mente, mientras observaba que, colgando de sus barbillas, estaba la maldita mascarilla esa que había visto en la tele. La misma que llevaban todos los que salían del metro de México o aconsejaban que llevaran los que habían estado por allí y volvían a sus países de origen.
Se dispararon entonces las emociones en mi alarmada cabeza. El niño frente a ellos, la posibilidad de que los gérmenes, al estar ellos hablando sin parar, viajaran dos milímetros hacia delante y nos dieran de lleno en la frente, rebotaran en mi boca y la de mi hijo y entraran directamente a mi sistema respiratorio.
-”¡Dios mio, el pandemónium!”, pensé sin poderlo evitar, y me levanté como un resorte de mi asiento, tratando de volver a mi posición original, que si bien estaba a unos centímetros de ellos, al menos quedaban ellos de espalda.
Lejos de imaginar que la dichosa palabrita había aparecido en mi mente, como un recuerdo de algún libro leído de Lovecraf, o la capital de un infierno maldito de Milton, entendí que estábamos en el ojo del huracán, y que si bien había estado pensado que esa pesadilla que contaban en la tele era cosa de los mariachis del Méjico lindo, en realidad, lo tenía frente a mis ojos.
Tiré con fuerza del brazo de Miguel, queriendo salir de allí.
Mi hijo no quería levantarse de la sillita que se subía y se bajaba, y tuve que arrastrarlo, como si hubiera bichos encima. Todo, ante la atónita mirada de mi marido, que en unos segundos me había visto levantarme y sentarme de una silla y volver a mi sitio inicial, ante al atenta y horrorizada mirada de mi amigo el abuelete, que se las prometía muy felices, y sin embargo hubo de vernos de nuevo, cara a cara.
Sonreí, y hubiera querido decirle a gritos que me disculpara, pero que los chicos de las maletas estaban allí con mascarillas, que venían de Df y que seguramente estarían infectados, y que si nos quedábamos allí mucho tiempo, todo el tren se iba a infectar también.
Me callé, claro, al ver las repercusiones de dar alguna explicación, pero, estaba indignada. Pensé en que si estaban infectados con la gripe porcina, bien podían contagiar a cien personas, que al menos en el vagón, íbamos codo con codo, y compartiendo microbios, miasmas y demás zarandajas.
Me puse malísima, hasta me puse a estornudar.
-”Oye, cariño, ¿compramos pan al llegar?”, me pregunta mi marido sin que sea capaz ni de escucharle. Fija como estaba en la boca de los viajeros, que decían algo así como que tenían que estar incomunicados unos días y sobre todo descansando.
Ni contesté ni pude menos que seguir la conversación de la chica que se había levantado de otro sitio, con la mascarilla en la boca, a decirle al chico de las maletas, que había llamado su madre y que les había dejado la casa vacía y la nevera llena para que no tuvieran necesidad de salir siquiera.
-”¡Eso, si, pero os permitís el lujo de meteros en un tren lleno de gente donde podéis contagiar a la mitad de Madrid y parte del extranjero!”, pensé en decir a gritos viendo que los turistas americanos de enfrente, seguían ensimismados en sus guías del Monasterio, completamente ajenos a mi angustia.
Me tensé y fui yo quien dio otra patada al abuelete.
-”Lo siento, perdone, es que estoy un poco nerviosa”, no pude evitar confesar, mientras el pobre hombre decía que hacía mucho calor y que estaba todo atestado, que no me preocupara, que con el niño encima, demasiado bien se estaba portando el pobre.
La de la Biblia empezó a rezar en voz baja, y a punto estuve de decirle que si tenía ella mano con el altísimo, que pidiera para que los tres chicos de Df, no estuvieran contagiados y nos contagiaran a todos, pues dado que mi hijo estaba malito un día sí y otro también, y que yo soy asmática, seguramente seríamos los dos primeros en caer.
-”Pero, ¿qué te pasa cariño?”-me dice mi marido al verme tan nerviosa.
Me acerco a su oído y le digo
-”El pandemonium...”.
Con cara de poker me pregunta ¿queeeeeeeeeee?.
Yo que no se como explicarle lo que he visto y le señalo a los chicos con mascarilla, compruebo que no sólo no me entiende una patata, sino que se ha creído que señalo los cinturones que llevan las maletas, que son del Corte Inglés, y se cree que le digo que son de la casa, ya que mi marido trabaja allí.
Me desespero y le digo que nada, que ya se lo contaré en casa.
Pero no veo la hora de llegar.
Vamos ya por Villalba y los chicos no se bajan del tren.
-”Pero, a dónde c...van?. Mira que si van a la urbanización donde vive mi padre, que es donde vamos nosotros”.
Me tiembla todo, las piernas, y me duele la tripa. Me imagino a todo el vagón infectado, y de ahí a muchos más. Personas, que en sus casas esperan al guiri que vuelva de su viaje a España o al señor de enfrente, contagiándoselo a sus nietos, a su nuera de Venezuela y a su hijo, que sale de viaje a Bruselas todos los Lunes, y ha extendido la enfermedad a toda Europa, pues trabaja en una multinacional.
Y esto era lo que decían que no nos preocupáramos, que no tenía mucha importancia, que se pasará y que si vas en las primeras 48 horas, no pasa nada y hay cura.
Los seres humanos es que no pensamos en las consecuencias que una pandemia puede tener. Pienso recordando la maldita palabra, que yo creía que era pandemónium, y que seguramente por eso mi marido no ha entendido ni jota.
Hemos llegado a la estación. La gente baja las bicis, se agarra al pasamanos y torpemente, arrastra sus cuerpos hacia abajo de la escalera, que para gigantes está hecha, porque para bajar cochecitos de niños o cuerpos maltrechos, no será.
-”Esos llevan mascarillas y vienen de DF”- no me aguanto decir, en cuanto tengo a Antonio a mi lado, y me pregunta qué narices me pasa para que esté tan rara.
Una señora, se da la vuelta y mira como intentan bajar las maletas los dos chicos y la chica, que casi ni pueden bajarla del tren. Se lo dice a su marido, y éste, parece que entiende lo que pasa y los mira aterrado.
-”¿Qué dicen ustedes?”, me pregunta la de la Biblia, que por andar codo con codo todo el viajecito, parece que tiene confianza suficiente para interrumpirnos y preguntar.
Mi marido me mira como si hubiera cometido un delito. Lo último que nos falta es que se entere todo el tren, de la psicosis del pandemónium, que bastante he pasado yo por callarme, para fastidiarlo al final.
-”No, que digo que debe haber mucha alergia, para que esos chicos vayan con mascarilla, que me la tenía que haber traído yo,” le digo a la pobre mujer, que enseguida asiente con la cabeza y se saca un pañuelo de la manga, alegando que ella no puede ya a estas alturas de mayo, ni respirar.
Veo a los chicos meterse en el ascensor con maletas y todo, y nosotros cogemos las escaleras. Solo nos falta convivir en ese mismo espacio unos minutos. Así que con cochecito y todo, abajo que nos vamos y subimos luego las otras escaleras para salir de allí.
Mi marido, camino de la urbanización, lejos ya del tren y habiendo perdido de vista a los infectados, me pregunta qué me ha llevado a pensar que los viajeros vienen de México y que estamos ya contagiados todos nosotros. Lo cual le respondo con pelos y señales, y haciéndome cruces, que estas cosas son como la ley del famoso Murphy ese, que si tiene que pasar, pasará y de lo peor, además.
Mi marido se ríe nervioso y me hace burla, aunque detecto un cierto pánico en su voz cuando ve que el niño se ha liado a estornudar camino de casa de los abuelos.
-”Y si ves que no está bien, le llevamos al pediatra...”, me dice después de decir que si de catástrofes se trata, yo hago la odisea en el espacio, lo menos.
Ya en casa, no cuento a mis tíos, hermanos, primos y mis padres el episodio pandemónico que hemos vivido en el tren.
No se me ocurre, que si no, veo colapsadas las urgencias, al día siguiente.
Porque a toro pasado, porque ya puedo decir que han pasado unos días, bien puede hacerse un relato de humor.
Ahora, lo reitero, ¡qué mala es a veces la imaginación!. ¡Qué mal se pasa!...

viernes, 15 de mayo de 2009

Ver la TV en Internet con Live-Player

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Manifestacion en Madrid para pedir a la UE unidad frente a la crisis

Miles de personas --más de 50.000 según fuentes sindicales y alrededor de 20.000 según las estimaciones de la Policía Nacional--, agrupadas principalmente bajo las siglas de CC.OO., UGT y USO, cortaron hoy el centro de Madrid para denunciar la falta de unidad de acción por parte de la UE y para pedir al Gobierno de España que pase de las palabras a los hechos, en una concentración multitudinaria que desbordó incluso los niveles de asistencia de los últimos 1º de Mayo.

La manifestación, enmarcada en una serie de concentraciones convocadas por la Confederación Europea de Sindicatos (CES) que tendrán lugar en los próximos días en otras ciudades europeas, aunó bajo el lema 'Combatir la crisis: El trabajo lo primero' a los secretarios generales de CC.OO., Ignacio Fernández Toxo; de UGT, Cándido Méndez; y de USO, Julio Salazar, que estuvieron acompañados por representantes de los principales sindicatos de Portugal y Andorra y personalidades de la política, como la secretaria de organización del PSOE, Leire Pajín y el coordinador de IU, Cayo Lara, entre otros.

En un ambiente festivo, dado el día soleado, los manifestantes marcharon desde la Plaza de Colón hasta las inmediaciones de la Puerta del Sol entre las 12.00 de la mañana y las 13.00 del mediodía, sin que se produjeran incidentes destacados. Durante el trayecto, los tradicionales colores rojo y blanco de las formaciones sindicalistas tapizaron el corazón de la capital entre pancartas y banderas, con mensajes pidiendo un trabajo digno y poner freno al paro, portados por trabajadores de toda España y de países como Francia, Bélgica o Italia.

Una vez finalizada la marcha, desfilaron por el escenario habilitado para la ocasión, no sólo lo líderes sindicales en España, sino también representantes del sindicalismo portugués. En este punto, el secretario general de CC.OO., el único que fue interrumpido por las ovaciones, pidió a la CE que salga de la "atonía y la dispersión de las iniciativas y los discursos" para acometer medidas dirigidas a construir una verdadera Europa social. Además, tras llamar a la unidad del sindicalismo europeo, demandó una "participación masiva" de cara a las elecciones europeas del próximo 7 de junio.

Asimismo, lanzó un mensaje al Gobierno español: "Hay que ponerse al tajo. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, haría bien en llamar hoy mismo a los agentes sociales para ponerse a trabajar", señaló. Además, en declaraciones a los medios denunció una "clamorosa ausencia" de cualquier referencia a la mejora de la protección social en el discurso de Zapatero durante el Debate sobre el estado de la Nación.

Por su parte, el secretario general de UGT, indicó que, desde la "fuerza democrática y la autoridad moral de los trabajadores", es preciso exigir un cambio de rumbo en el proceso de construcción de la UE y aseguró que la CE es un ejemplo de "impotencia sin presente ni futuro", a la vista de que no ha tomado ninguna medida conjunta. En el ámbito nacional, pidió al Gobierno que pase de "las palabras a los actos" a través del diálogo social y una mayor coordinación con las comunidades autónomas.

Por su parte, el secretario general de USO aseguró que, más que nunca, es necesario "fortalecer el modelo social y con él la Europa del pleno empleo y la cohesión". Asimismo, pidió que se incluyan en los programas electorales del próximo 7-J las reivindicaciones de la CES para "exigir soluciones" a la UE.

Finalmente, agradecieron la asistencia a la manifestación y defendieron la movilización sindical por el empleo, los líderes madrileños de UGT y CC.OO., José Ricardo Martínez y Javier López, así como el secretario general de la CES, John Monks, quien cerró el acto llamando al unidad de acción de la UE y a apostar por más planes para el empleo y menos para el rescate del sistema financiero.

Mayor respuesta que en el 1 de mayo
Por otro lado, las previsiones de los sindicatos, que apuntaban a unos 50.000 manifestantes, se vieron ampliamente superadas, tanto que incluso dejaron atrás las cifras del pasado 1 de Mayo, tanto en el recuento realizado por los convocantes como el estimado por las fuerzas de seguridad, a partir del recuento de transportes fletados para la ocasión.

Ya desde las 11.30 horas, manifestantes caminaban por las vías aledañas a la Plaza de Colón con pancartas en las que se leían consignas a favor del empleo. Entre ellos, trabajadores de Trident llegados de Barcelona, que hoy iniciaban un periodo de huelga, y que merecieron mención especial por parte del secretario general de CC.OO.

Además, representantes de las federaciones territoriales de los diferentes sindicatos se mezclaron con mineros de Boliden, trabajadores de Sintel y casi un centenar de empleados de Iveco. Sobre la muchedumbre se pudieron oír pitos, petardos, globos y cánticos. El más coreado 'Si esta es nuestra España, caña, caña, caña. Si esto no se arregla, guerra, guerra, guerra" . Para amenizar la marcha, un grupo de manifestantes representaron un cortejo fúnebre portando ataúdes en los que se simbolizaba la muerte de los contratos 'basura'.

Sin limites (Cine)

"SIN LÍMITES - LITILE ASHES" es un proyecto cinematográfico que nos acerca a la juventud vivida por tres de nuestros artistas más ilustres, Lorca, Dalí y Buñuel, y la relación que hubo entre ellos.

Con guión de Philíppa Goslett, Dirección de Paul Morrisor ,""Sin Límites" representa la primera obra cinematográfica que habla sobre la relación que mantuvieron los tres jóvenes durante y después de su estancia en la residencia de estudiantes de Madrid.

El Casting es español e inglés. El papel de Lorca está interpretado por Javier Beltrán en su primer papel protagonista. El casting para el personaje fue exhaustivo, se convocó a un gran número de actores para el papel, pero fue Javier Beltran quien, aún con menos experiencia que muchos de los candidatos, demostró con su prueba la idoneidad para interpretar el papel.

El papel de Dalí está interpretado por Robert Pattinson, actor inglés que ha participado en la famosa saga "Harry Potter" interpretando el personaje de Cedric Diggory y que se ha consagrado como el protagonista de Crepúsculo.

Rodada entre Barcelona, Cadaqués y Granada, esta coproducción entre Factotum Barcelona y Litde ashes ltd, con la participación de TVE y TV3, ha contado con un gran equipo técnico y artístico para recrear la España de los años 20 y 30, época en la que transcurre la historia.

Abrazo (Poema)

Un simple abrazo nos enternece el corazón;
nos da la bienvenida y nos hace más llevadera la vida.

Un abrazo es una forma de compartir alegrías
así como también los momentos tristes que se nos presentan.

Es tan solo una manera de decir a nuestros amigos
que los queremos y que nos preocupamos uno por el otro
porque los abrazos fueron hechos para darlos a quienes queremos.

El abrazo es algo grandioso.
Es la manera perfecta para demostrar el amor que sentimos
cuando no conseguimos la palabra justa.

Es maravilloso porque tan sólo un abrazo dado con mucho cariño,
hace sentir bien a quien se lo damos, sin importar el lugar ni el idioma
porque siempre es entendido.

Por estas razones y por muchas más...
hoy te envío mi más cálido abrazo.

Papa habla a crisitanos y musulmanes

El Papa Benedicto XVI predicó este jueves contra y el odio y los prejuicios en la mayor misa celebrada desde que comenzó su gira por Medio Oriente que tuvo lugar en Nazaret.

Decenas de miles de cristianos, entre ellos muchos árabes que cuentan con ciudanía israelí, asistieron a la misa en la ciudad ubicada al norte de Israel, según informó la corresponsal de la BBC en Medio Oriente, Katya Adler.

Nazaret es predominantemente de origen musulmán y los cristianos constituyen aproximadamente un tercio de la población árabe de la ciudad, lo que ha sido motivo de fricciones entre ambas comunidades y a las que Benedicto XVI se refirió en su sermón.

"Insto a las personas de buena voluntad en ambas comunidades a reparar el daño que se ha hecho, a la fidelidad en nuestra creencia común en un Dios, padre de la familia humana y a trabajar para construir puentes y encontrar el camino hacia una coexistencia pacífica", dijo el Papa.

"Que todo el mundo rechace el destructivo poder del odio y el prejuicio que mata las almas de los hombres antes de matar sus cuerpos", afirmó.

Las nueces contribuyen a reducir el cancer de mama

Un estudio realizado por la Escuela de Medicina de la Universidad de Marshall, en Estados Unidos, indica que las nueces podrían prevenir el cáncer de mama.

Las nueces contienen ingredientes como los ácidos grasos omega-3, antioxidantes, flavonoides y fitoesteroles que pueden reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad.

La doctora Elaine Hardman, quien condujo el equipo, explicó en la reunión anual de la American Association for Cancer Research que experimentaron en ratones, a los cuales alimentaron con el equivalente de dar a una persona dos onzas (56,7gr) de nueces al día, en los cuales se observó menor tamaño y cantidad de tumores que en los ratones que no fueron alimentados con nueces.

Según la investigadora, los resultados son aplicables a los humanos, que podrían beneficiarse incluyendo nueces en sus dietas. Los estudios moleculares determinaron que los ácidos omega-3 de las nueces jugaron un rol importante, pero también otras sustancias del fruto.

Hardman subrayó la importancia de una dieta saludable para prevenir enfermedades crónicas y aseguró que el estudio dejó en claro que las nueces contribuyen a reducir el cáncer de mama.

Otros estudios anteriores habían señalado que comer nueces al final de una comida podría disminuir el daño que producen las comidas grasosas en las arterias, porque se cree que contendrían sustancias que disminuyen el riesgo de padecer de males cardiacos y combaten el endurecimiento arterial y ayudarían así a mantener flexibles a las arterias.

Camps imputado por cohecho

El Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana ha citado para el día 19 de mayo al presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, y al diputado del PP y secretario general del partido en la Comunidad Valenciana, Ricardo Costa. Ambos declararán como imputados por su relación con la supuesta trama de corrupción en el PP, el denominado 'caso Gürtel.

Un comunicado del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de la Comunitat Valenciana señala que el magistrado instructor de la causa abierta para investigar un supuesto delito de cohecho también cita a declarar al ex vicepresidente del Gobierno valenciano Víctor Campos y al ex jefe de gabinete de la Conselleria de Turismo Rafael Betoret.

Francisco Camps siempre ha defendido su inocencia y ha insistido en que su supuesta implicación en el 'caso Gürtel' "es un montaje" y que "todo es mentira".

El PP le "respalda plenamente"
Tras concocer la imputación, la dirección nacional del PP ha asegurado que "respalda plenamente" al presidente Camps. Según han recalcado, con la citación de Camps "se acaba con la indefensión" del jefe del ejecutivo valenciano.

Según unas conversaciones telefónicas difundidas por los medios de comunicación, la familia de Camps recibió regalos de gran valor de uno de los imputados en el caso Gürtel, Álvaro Pérez, apodado 'El Bigotes'. Además, la empresa de 'El Bigotes', Orange Market, habría recibido contratos por valor de cinco millones de euros de la administración valenciana. Esto se sumarían al presunto pago de trajes por valor de 12.000 euros de las tiendas Milano y Forever Young para el presidente valenciano.

Hasta ahora, el PP ha suspendido de militancia a tres de sus diputados en la Comunidad de Madrid : Alberto López Viejo, Benjamín Martín Vasco y Alfonso Bosch.

El nuevo perfil de consumidor

El perfil de consumidor en España es una de las cuestiones que más han cambiado desde que la crisis económica y financiera comenzó a hacer estragos en este país.

La nueva clase consumista es una que a pesar de no contar con ahorros se dedican a gastar en ocio y a utilizar las tarjetas de crédito más que en otros años. Para las familias la situación no es muy diferente, quien tiene hijos también gasta sin considerar si se dispone o no de dinero en efectivo.

Una de las características más notorias es que cada vez con más frecuencia los consumidores ignoran la crítica de los expertos y se dejan guiar más por blogs de usuarios y por las críticas que estos hacen en Internet, donde la opinión se basa es la experiencia de los bloggers. También continúan consumiendo con la misma frecuencia que antes en los días tradicionales como el día del padre, de los enamorados y navidades; y por supuesto, en las rebajas.

Un detalle muy interesante es que las pagas extras como aguinaldos en verano e invierno se destinan para compras especiales; por este lado, los empresarios y autónomos deben prestar atención a las fechas en las que se producen estas pagas para lanzar promociones especiales o bien intensificar la publicidad de sus productos.

Otra de las consideraciones más importantes es tener en cuenta que el mercado se amplía cada vez más, es decir, los pensionados, las personas que están en el paro y los estudiantes también consumen. Tener en cuenta las diferentes fechas de cobro servirá para gestionar de manera más eficaz el stock de tu negocio. El paro se cobra el día 10, las pensiones el 15 y las tarjetas se suelen liberar el día 20.

Consideraciones como estas son fundamentales para ofrecer un producto cada vez más personalizado para el amplio espectro de consumidores de esta nueva clase de consumidores.

martes, 12 de mayo de 2009

TIEMPO DE DESPEDIDAS

Estuve pensado ayer, cariacontecida y melancólica, mirando las gotas de lluvia golpeando el cristal, que debiéramos pasamos la vida diciendo adiós.

Hace un tiempo extraño en estos días de Mayo. Tan pronto tienes frío como te ahoga un calor sofocante que da paso a la tormenta, a la tromba de agua que te empapa la colada, tendida fuera porque creías que hacía mucho sol.

Tengo el cuerpo extraño y las sensaciones a flor de piel. Se acerca un tiempo de cambio, se acerca el verano, el tiempo del bullicio, del regocijo y del descanso. Un tiempo evidente, casi cruel, que te acerca a tu verdadera esencia, a tu verdadera forma, a sacar a relucir tu auténtico rostro, tu cuerpo escondido y tus anhelos que parecen brotar, con los frutos en los árboles y el calor del sol.

Decirle adiós al abrigo, a la soledad del hogar y abrir de par en par los ventanales, saludar a los vecinos que vienen a sus casas de la sierra cuando hace calor, y que abren de nuevo sus puertas para mostrar al mundo, que el letargo del invierno, ha hecho de nosotros seres más maduros, más preparados, incluso renovados.

¡Qué pereza, Dios mio!.

Será que este año, miedo me da sacar el bañador y enseñar mis maravillas, o volver a quedarme con mi enanito, cuando acabe el bendito colegio y los días vuelvan a ser tan largos e interminables, como las cientos de cosas que hay que hacer para divertirlo, para que no se ensañe con los muebles, con los juguetes ya inservibles después de jugar dos veces con ellos, o con volver a salir con tus amigos y disfrutar del día hasta más de las diez de la noche.

Adiós a la tranquilidad del invierno, que nos mantiene encerrados en un caparazón de caracol, mientras hace frío fuera y la vida va pasando, va cambiando.

Adiós a muchas cosas que no gustan, pero que han ido formando parte de nuestro letargo, de nuestra ensoñación, mientras llegaba el tiempo del cambio, de las posibilidades.

He recordado de pronto la imagen de alguien de mi pasado, alguien que hacía mucho tiempo ya que no formaba parte de mi presente. Lo había encontrado casi por casualidad, o curiosidad, que en el fondo a veces se dan la mano, en Internet, aunque no he sido capaz de escribirle o ponerme en contacto con él. Tan sólo con una foto de alguien que apareció en mi pantalla de ordenador y lo volvía a ver después de mucho tiempo, se me había helado en las venas el deseo de saber qué había detrás de esa mirada triste, oculta tras unas gafas nuevas, al menos para mi.

Pensaba en lo que cuesta conocer a alguien, darle o enseñarle tu vida, tus maravillas, y también tus miserias, por qué no reconocerlo. Cómo se va haciendo una historia compartida de una experiencia o de muchas, que a veces, los años dan para más que un poco. Lo que supone tener un pasado con alguien, poder tomar un café para recordar viejos tiempos y para seguir compartiendo los nuevos, dando forma a un futuro.

Es una experiencia rompedora, límite y a veces trepidante, que en ocasiones sale bien, y en otras no aporta tanto, y uno se ve abocado irremediablemente al adiós.

Y si cuesta abrirse camino entre la maleza de otro, cuesta aún más, despedirse de alguien, dejarlo marchar, alejarte de ese alguien que más que beneficio tanto daño te hace ya, o tan inútil es la comunicación, la entrega o el entendimiento con ese otro universo.

Es duro, injusto, incluso cruel a veces, hacer examen de conciencia y ser sincero con uno mismo. Valorar expectativas, tomar partido y sobre todo, arrancarse del alma otra alma, que por estar en otro camino, ya no es capaz de enraizar con nosotros mismos y nos hace sentir más solos, que acompañados.

Pienso en qué tiene que ver eso que me ha venido a la mente, con lo que ha empezado mi reflexión, y siento que son ambas la misma cosa.

Acostumbrarte para darte cuenta de que tienes que abandonarlo. Vivir para renunciara algo o a alguien. Atesorar en el invierno, para luego en verano, dejarlo volar.

Estoy filosófica, enigmática, un poco como el tiempo loco que vivo en estos días, que ni se queda, ni nos deja a nosotros vivir. Supongo que estoy instalada en uno de esos momentos intermedios, en un espacio y en un tiempo, indefinidos, que son como plataformas de despegue, donde no acaba de ocurrir nada, pero se impone la despedida, el vuelo, el marchar a algún lugar.

Hay momentos en la vida en los que se impone un cambio, en los que uno siente la necesidad vital de dar marcha atrás y reflexionar sobre lo vivido, tomar partido y dejar muchas cosas atrás.

Es curioso como surge ese momento, cómo se va gestando dentro de uno la necesidad de dar fin a algo, de empezar otra etapa, de aprender de lo vivido y seguir adelante. Procurando en lo posible no hacer como la mujer de Lot, que no pudo evitar darse la vuelta y mirar atrás. Sabemos muy bien que, si lo hacemos, como Edith, igual acabaremos convertidos en estatua de sal.

Todo empieza por una suerte de malestar que nos inunda, nos llena de melancolía, de tristeza, nos hace pequeños ante nosotros mismos. Una suerte de invierno cruel que nos enfría el alma de recuerdos, nos encierra en el caparazón de nosotros mismos, a la lumbre de un fuego que cada día está más extinto, más pequeño, menos ardiente. Las pasiones, el deseo, la vida desperdiciada en miles de momentos compartidos, se va quemando, como los leños de la chimenea, y ya no da luz, más bien deja ese aroma a quemado, a brasas que recuerdan el calor que ya no son capaces de dar.

Empieza el frío, la soledad del alma, el vacío existencial. La sensación de que ya es tiempo de salir con el abrigo puesto y dejar la casa, el ensimismamiento, y dar otro rumbo a la existencia insoportable en que se ha convertido nuestra rutina.

Cuesta mucho.

La soledad que supone abandonar a su suerte a alguien o algo que te importaba, es tremenda. Por no hablar de lo triste que se queda el corazón sin uno de sus inquilinos.

Sin embargo, lo sabes bien. Ya no es posible. Se impone un adiós, se impone la despedida, se impone tratar de ser otra persona con lo aprendido, con lo bueno y con lo malo. También con la decepción que supone haberse equivocado con alguien o también con algo de lo que hicimos en el pasado, y salió mal.

A veces, las despedidas son a un novio que no te conviene, a una amiga que te da más quebraderos de cabeza que cariño o a un amigo maleducado que se mete con todos tus conocidos, y crea conflictos allá por donde vaya, sin entender muy bien el daño que hace.

Otras, los adiós se dan a situaciones insostenibles, a trabajos que nos quitan la vida, a formas de vivir que nos anulan o a hábitos de conducta que nos roban el alma, nos despojan de nuestra dignidad o nos hacen parecer guiñapos con pocas ganas de seguir viviendo.

Son quizá esas rémoras, esas formas de vivir, las que más difíciles son de despedir en nuestras vidas. Quizá porque ignoramos totalmente donde empiezan y dónde acaban, y cómo ser fuertes para resistir la tentación de mirar atrás y no convertirnos en estatuas de sal. Creemos ser débiles, incapaces como somos de seguir adelante, sabiendo que el destino que nos espera sin ese trabajo de toda la vida, es tan cierto como la crisis, que seguramente nos mandará directamente a la cola del Inem. Y qué decir de la rutina de una pareja que tiene de amor lo mismo que de emoción, de aventura, de ganas de vivir, pero que alimentas y fomentas por miedo a volver a la soledad, a tomar partido por la vida, los anhelos de la infancia o aquellos que quedaron sepultados en la caja de los sueños imposibles. Miras tu alrededor con la esperanza de encontrar en un modelito del Corte inglés o en una tarde con las amigas, un poco de ánimo, consuelo o sentido a muchos días de lluvia, en los que, esperando en casa a que vuelva tu marido, ya ni siquiera miras el reloj.

Vida aburrida y vacía después de la tormenta, que nos espera a todos, sentados en la mecedora viendo un culebrón de turno, pues a determinadas edades, parece ya tarde para salir a correr por el parque con nuestros hijos o para conocer otras culturas, otros países, otras personas que nos enseñen algo nuevo, o quizá ya conocido, consabido y vivido, pero siempre, de otra manera distinta a nosotros mismos y a nuestro aburrido devenir.

Decir adiós a todo eso, a lo ya establecido, a lo fijo, a lo que ya hemos conseguido después de mucho tiempo. A los amigos de siempre, a la misma casa que al final pagaste en treinta años o a la vida de trabajo, entrega y sacrificio, siempre en un puesto que pensaste que era poco para ti. Decir adiós a los hijos desagradecidos, que se irán cuando ellos quieran, no cuando tú lo decidas. Adiós a los amigos que al final acabaron antes su camino, aunque los hubieras querido amarrar al mástil de tu vida, siempre.

Adiós tus ideas, tus principios, todo aquello que atesoraste en tus armarios para el invierno, y a donde acudías cuando no estabas seguro de nada, porque era lo que aprendiste, lo que a fuego se quedó en tu interior.

Adiós a lo que eres, a lo que hiciste, para lo que trabajaste. Adiós a tus ideas políticas a tu moralidad, a tus principios auténticos.

Se antoja imposible, pienso viendo la lluvia llevarse por delante las hojas caídas del jardín, la pelota de playa de mi hijo, una excavadora que se quedó olvidada en las escaleras. Sin embargo, queramos o no, estemos preparados o no, la vida es un ir diciendo adiós continuo, un ir cambiando un poco de vida, primero sobre lo que no te convence y te llena de frío el alma, y luego de lo que más te identifica, lo más querido, lo más íntimo y tuyo.

La vida es un irse yendo, irse despidiendo, ir renunciando a cosas, por mucho que nos empeñemos en aferrarnos a la materialidad de las situaciones, de las personas, de nuestras posesiones o nuestras verdades.

¡Qué razón tenía el bueno de Séneca!.

Llegará el día en que ya no habrá ni tiempo para el adiós, e incluso tendremos que prescindir de la despedida. Y nos iremos. Nos iremos marchando, así tan callando, como dejamos marchar aquel trabajo que terminó en baja por depresión, o aquél amigo que ya no ves a fuerza de no llamarle, o aquella mejor amiga, que ya no sabes cómo ha envejecido, porque ni siquiera te lo has preguntado. Iremos dejando de lado ese afán por acumular cosas, por tener más que el vecino o comprar el coche más rápido. Nos importará cada vez menos ser esas personas de éxito que tienen más que nadie en el barrio, y que en las tiendas respetan. Nos iremos despidiendo de todo, porque todo se marcha, por mucho que nosotros lo queramos amarrar del lazo que nos ata a la piedra que llevamos colgando, que tanto pesa, tanto molesta, tanto detestamos porque no nos deja echar a volar.


Hoy, en el cristal, viendo la lluvia, confieso que tengo cuarenta años y muchas piedras colgando.

Aún me niego a decir adiós a muchas personas, a muchas situaciones que me asustan y a muchas rémoras que consiguen que me aísle en mi chimenea, y vea el fuego tratando de recuperar su fuerza una vez más.

No me es posible. Y tiene bemoles la cosa, pues de sobra sé, que es de valientes, de experimentados en la vida y de esos que parecen tener madurez, saber salir a la lluvia y dejar los paraguas dentro. Bailar, reírse del mundo, abandonar lo que te molesta y saltar sobre los charcos. Sin paraguas, sin impermeable, sin gorro o sin nadie que te diga que te metas dentro, que la lluvia pasará.

Siempre pasa es verdad, aunque deje destrozos. El secreto, es saber despedirla, saber sonreír al sol cuando brille en el cielo y olvidar que ayer, tenías muchas despedidas que no sabían que iban a ser pronunciadas y al final, encontraste dentro de ti, el valor.

Valor para bailar en la lluvia, decía mi prima en su muro de Facebook

Valor para reconocer que estas sola, estás preparada para el cambio, estás ahí aunque no pase nada importante. Aunque queden pocas aventuras como las de antes y te regocijes en los recuerdos. Aunque ya no queden tantos sueños por cumplir. Aunque parezca que ya no queda mucho por aprender. Aunque tengas más de cuarenta años y empiece la caída, de esa montaña rusa, que hasta ahora parecía que te había llevado a lo más alto.

Valor, amigos, para atreverse a ser feliz...


lunes, 11 de mayo de 2009

Wisin participará en caminata contra el cáncer

El reggaetonero puertorriqueño Wisin, del dúo Wisin & Yandel, participará este próximo viernes 15 de mayo en una Caminata contra el Cáncer en San Juan, Puerto Rico, en apoyo a la iniciativa del comediante Raymond Arrieta.

El recorrido que hará Wisin junto a Raymond Arrieta se realizará dentro de la ruta de Ponce a San Juan, Puerto Rico y tienen previsto un tiempo de 24 horas para concluirse.

domingo, 10 de mayo de 2009

Reguetonero dominicano acusado de la muerte de un hombre

El cantante dominicano de rap y reggaeton conocido como El Lápiz fue acusado hoy ante la justicia de atropellar y causar la muerte de un hombre en la provincia Santo Domingo, informó la página web del periódico Listín Diario.

Según esa versión, el vehículo todoterreno de Avelino Junior Figuereo Rodríguez, nombre de pila de "El Lápiz", atropelló el 7 de diciembre pasado a un hombre identificado como Adriano Martínez González, quien murió posteriormente en un hospital de la capital dominicana.

La acusación contra el artista fue incoada por Michael Ariel Martínez, hijo de la víctima. "El Lápiz", de 25 años, es uno de los artistas de hip hop y reggaetón más populares de la República Dominicana, donde ha participado en espectáculos junto a figuras como Daddy Yankee, Residente de Calle 13 y Héctor El Father, entre otros.

Su música, sin embargo, es foco de agrias críticas por parte de sectores que lo acusan de exaltar en sus canciones el sexo, la violencia y el consumo de drogas.

jueves, 7 de mayo de 2009

Sol Meliá ralentiza el ritmo de inversiones

Nadie es ajeno a la crisis. Tras un largo período de bonanza económica, la demanda de viajes experimenta una contracción significativa, hecho que está perjudicando a las empresas turísticas. Pese a este panorama, Sol Meliá "confía en su solidez y en sus cuentas saneadas para salir de la crisis". Aunque el Turismo, uno de los motores de la economía nacional, no es uno de los sectores más afectados por la crisis internacional, la caída de la demanda de viajes está mermando los resultados de las empresas que operan en este segmento. Un ejemplo es Sol Meliá, cadena hotelera que cuenta en la actualidad con más de 300 establecimientos repartidos por cuatro continentes, que tras varios años con "resultados satisfactorios, alcanzando en 2007 un récord", ha experimentado en 2008 un recorte de los beneficios del 68%, situándose en algo más de 51 millones de euros.

Ante esta situación, a falta de cifras del primer trimestre de 2009, la cadena hotelera opta por "ralentizar el ritmo de inversiones para el presente año", destinando 100 millones de euros, cifra inferior a la inicialmente prevista, según informan fuentes de la empresa. Esta cantidad irá destinada, esencialmente, "al mantenimiento de los establecimientos", así como a aumentar la calidad de los mismos, "ofreciendo nuevas experiencias a los clientes".

Pese a que la situación es complicada, la compañía hotelera "confía en su solidez y en los esfuerzos realizados en los últimos años para mantener las cuentas saneadas para salir sin mayores problemas de esta crisis, e incluso salir reforzados", informan desde Sol Meliá. Algunas de las claves para recuperar la senda del crecimiento son, además de la reducción de los gastos, la "potenciación de iniciativas comerciales que faciliten un incremento en los ingresos, la apuesta por acciones que potencien el valor de la marca o la continuación de las medidas que sostengan la solidez financiera de la cadena".

100.000 Noches de Hotel Gratis

Atrápalo regalará 100.000 noches de hotel gratis a sus usuarios. Esta iniciativa entra dentro de las campañas de marketing para promover el turismo nacional y fomentar el consumo dentro de un mercado que se ha visto afectado dúramente por la actual crsis financiera.


Atrapalo es una agencia de viajes y de promoción de actividades de ocio que nació y vive en Internet bajo la filosofía de ofrecer las mejores propuestas para el tiempo libre al mejor precio del mercado. Para ello, se basan en el comercio electrónico, centrado en el sector de las agencias de viajes, vuelos, hoteles, alquiler de coches, espectáculos y restaurantes, convirtiendo sus promociones y transformando sus excedentes en ofertas de Internet. Además de encontrar las mejores ofertas, ofrecen a sus clientes infomación que envían semanalmente por e-mail personalizado con las propuestas más interesantes.

Jonas Brothers de gira en Perú

La banda juvenil norteamericana Jonas Brothers presentará un segundo concierto en Lima (Perú) el próximo 18 de mayo, ante el récord de ventas obtenido para el primer espectáculo programado en el Estadio Nacional capitalino.

El grupo de los hermanos Nick, Joe y Kevin Jonas decidió ofrecer el segundo concierto, tras recibir innumerables pedidos de sus fanáticas peruanas, que agotaron en pocas horas las entradas para el primer concierto, señalaron medios locales.

La segunda fecha se celebrará un día antes de la primera, que se mantendrá el 19 de mayo, y se concretó ante la cancelación de una de las presentaciones de la banda en México, ante la presencia del virus de la gripe A.

Los organizadores informaron que las entradas para el nuevo concierto estarán a la venta el próximo sábado y tienen la expectativa de que también conseguirán un récord de ventas.

La SGAE reclama derechos de un concierto benéfico

David Bisbal participó en un concierto benéfico para luchar contra la enfermedad de Alexander, una rara dolencia mortal. Como las canciones que cantó no son suyas, a la asociación de autores le corresponde un 10% de los ingresos por ley. Los autores podían rechazar los beneficios y, aunque la SGAE dijo que "iba a poner de su parte", ingresará 5.000 euros por el concierto.

Para recaudar fondos, María Antonia y Juan Manuel han ideado múltiples iniciativas. Una de las últimas fue un concierto benéfico en el que cantó David Bisbal, sin pedir un euro a cambio. Desgraciadamente para la familia, la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) también intervino, pero para pedir el 10% de la recaudación que le pertenece legalmente y que equivalía a 5.000 euros.

Un par de semanas antes llamaron a la familia para acordar las cifras. "Tenía que llevar a mi hijo a rehabilitación y quedé en el hospital con el delegado de la SGAE", relata María Antonia. La madre de Juanma no pudo más que aceptar las condiciones: "Yo no soy empresaria, soy sólo la madre de un niño que se está muriendo", lamenta.

"Una señal o un aval bancario"
El delegado de la SGAE "pidió una señal o un aval bancario", pero los padres de Juanma le informaron de que la cuenta estaba blindada por ellos mismos.

Consecuentemente, el dinero sólo podría ser entregado "cuando ingresaran los beneficios del concierto de David", asegura Juan Manuel, el padre del menor. Hasta entonces era imposible.

Finalmente, María Antonia tuvo que firmar una solicitud de autorización para que la SGAE tuviera el dinero tan pronto como la familia ingresara los beneficios del concierto. Curiosamente, no es el primer concierto que organizan para recaudar fondos, pero sí es la primera vez que la SGAE reclama su 10%. "Quizás por ser David Bisbal", lamenta la madre de Juanma.

HOLA A TODOS, CUARENTONES Y DEMÁS ANIMALES...

QUERIDOS CIBERNAUTAS.
CONFIESO QUE ME HE LANZADO SIEMPRE A LAS MÁS TREPIDANTES AVENTURAS. HOY EMPIEZO OTRA, QUE PARA MÍ ES DE LO MÁS INTERESANTE Y ARRIESGADA: ESCRIBIR MIS IMPRESIONES Y MI VIDA POR INTERNET.
¿YO?. YO, QUE SOY CARNE DE DIARIOS ESCRITOS A PLUMA Y RATÓN DE BIBLIOTECA. YO, QUE ANTES DE BUSCAR UN DATO EN EL GOOGLE, SOY CAPAZ DE REVOLVER LA CASA ENTERA PARA ENCONTRARLO EN MIS LIBROS...
SIN EMBARGO, AHORA QUE ESTOY YA EN EDAD DE MADURAR, AHORA QUE HAY QUE IR CON LOS TIEMPOS Y QUE PARECE INEVITABLE EL DECLIVE, BUSCO UNA MANERA DE ENTENDER LA REALIDAD, UNA ALTERNATIVA A DEJARSE LLEVAR POR LO INEVITABLE.
PUEDE PARECER FRÍVOLO O IRREVERENTE, PERO CON MIS CUARENTA AÑOS, ME GUSTARÍA PENSAR QUE AÚN PUEDO APRENDER ALGO DE LA AVENTURA DE VIVIR.
COMO OS DIGO, DISPUESTA A LOS CUARENTA Y A LOS QUE ME ECHEN...